Así que Jeff y yo salimos a un bar de mala muerte,
en ese lugar cazaríamos a alguien, ya sabes, para terminar nuestro turno de
trabajo sádico. Como siempre, yo iba perfectamente bien arreglada elegante. Ese
bar no estaba exactamente cerca de Bloody Streets; estaba a una hora en otro
pueblo, pero ya sabíamos perfectamente a dónde iríamos, puesto a que ese bar estaba debajo de un
puente oscuro y tenebroso, donde muchos motociclistas borrachos echaban
carreras y apostaban dinero que no podían pagar. Era uno de mis lugares
favoritos para buscar a mi siguiente “víctima”. La policía nunca se aparecía
por ahí, como si no existieran. Solo dos postes que iluminaban a los lados del
bar era la única luz que existía en aquel tenebroso lugar. Era como si
estuviera en medio de la nada, en medio de esa larga carretera que enraba al
bosque, donde estaba el bar, los árboles alrededor le daban un toque más
estremecedor. La gente de ahí debería tener miedo, pero no a que les aparezca
algún ente misterioso o fantasma en el lugar, si no a que dos brutales asesinos
psicópatas, los más buscados por el FBI venían a terminar su ronda diaria de
trabajo en ese pequeño lugar, y aunque era pequeño, era el lugar perfecto, ya
que los cadáveres nunca serían encontrados, ni siquiera nadie se acordaría que
existían, sus muertes serían olvidadas lentamente por todos porque nadie se
tomaría la más mínima molestia de buscarlos o siquiera llamar a la policía,
sería como si nunca hubiera pasado nada.
-Jeff: ¿En qué tanto piensas?—rompió el hilo de mis
pensamientos cuando preguntó confundido al verme pensativa mientras caminábamos
por aquel bosque para llegar al bar-
-Jane: Oh, nada en especial, solo pienso que es
divertido volver a los homicidios junto a mi primer marido, Jeff The Killer.
-Jeff: Jane—suspiró—no has tenido otro marido, creo que soy el único.
-Jane: Lo sé.
-Jeff: ¿Entonces por qué “mi primer marido”?
-Jane: No lo sé, solo olvídalo.
No me contestó nada, solo me miró pensando algo y
seguimos caminando.
Miramos el bar desde el otro extremo en frente de él,
metidos en los árboles, nos miramos y sonreímos los dos. Cruzamos la calle y
entramos en aquel lugar, el bullicio se incrementaba mientras nos acercábamos
más y más. Los motociclistas arriesgaban sus patéticas vidas subiendo a mujeres
en la parte trasera de la moto mientras recorrían a muy elevada velocidad la
calle dando vueltas y haciendo trucos absurdos. Entramos y nos sentamos en la
barra.
-Barman: ¿Qué les sirvo?—gritó—.
-Jeff: Dos whiskys…. por favor—habló con su voz
traumatizante, psicópata, masculina y muy, pero muy atractiva—.
El hombre trajo lo que pedimos y mientras nos lo
tomábamos, un chico joven, como de nuestra edad, cabello quebrado color café
intenso, alto, delgado y ojos negros se acercó y se sentó a mi lado.
-Mark: Hola preciosa, déjame invitarte un trago—me
guiñó un ojo—.
-Jane: No gracias—respondí brusca—.
-Mark: Vamos preciosa, ¿por qué no?—me mostró un
billete de 100 dólares y lo dejó sobre la barra, me sonrió, aquello me irritó,
sabía perfectamente porque me daba ese dinero—.
Miré de reojo a Jeff quien claramente debía estar
echando chispas.
-Jeff: Porque viene conmigo idiota y quita tu
asqueroso dinero de ella—se levantó y aventó el banco con fuerza hacia el
centro de la pista—.
-Mark: ¿Y tu quién demonios eres?—se levantó de
igualmanera—.
-Jeff: Qué interesante que lo preguntes, porque soy su
esposo y me encantaría hacerte añicos justo ahora maldito.
-Mark: Jajaja, ¿es enserio?—se volvió a sentar y me
dejó el billete de 100 dólares en las piernas— ¿entonces qué preciosa, nos
vamos afuera?—esto realmente me mataba de risa, se acercó a la peor chica del
lugar, este fue su peor error—.
Pude haberlo matado yo misma fácilmente, pero preferí
dejárselo todito a Jeff, el lo disfrutaría más que yo.
Jeff sonrió de una manera tan perturbadora que el
chico cambió la cara y por unos segundos puso una cara de terror cuando las
luces brillantes alumbraron nuestros rostros, quedó con una expresión
terrorífica. Cualquiera tendría pavor al ver esa sonrisa, estaba furioso y esa
sonrisa solo se traducía en una cosa: “Te mataré”. Tomó del cuello al chico fuertemente no dejandole alternativa más que caminar y
los dos salimos a la parte de atrás del bar entramos un poco al bosque y lo
tiró al suelo, el chico se levantó y cuando quiso soltarle un golpe a Jeff, él
sacó su cuchillo y el chico retrocedió, creía que podría esquivar las
apuñaladas de mi marido, pero Jeff le cortó las manos, el cayó al suelo
retorciéndose de dolor gritando desgarrado, la sangre brotó por todos lados y
Jeff lo destripó. Una mujer nos miraba detrás de unos árboles intentando llamar
a la policía aterrada.
-Jane: Oh no, eso sí que no—lancé mi cuchillo y se
clavó en su garganta matándola--.
El celular cayó al suelo, aún se escuchaba la voz de la llamada "¿señorita? ¿sigue ahí? Enviaremos patrullas de inmediato.
Miré a Jeff, la policía estaba de camino hacia aquí, demonios, por su maldita culpa de esa tipa muerta nuestro plan estaba arruinado.
-Jane: Jeff, ¿qué vamos a hacer?
-Jeff: Vamos Jane, hemos lidiado con esto día tras día. La policía no tiene ni la menor pista de donde estamos, nunca nos atraparán. Rápido, quitemos las evidencias y vámonos de aquí.
-Jane: Sí, de acuerdo.
Tomé el cadáver de la mujer en mis hombros y el celular de igualmanera. Jeff hizo lo mismo con el chico, miré al rededor, no había ningún tipo de evidencia que nos culpara. Caminamos por el bosque, Jeff sacó de su sudadera ensangrentada una botella de whisky y me miró sonriendo.
-Jeff: No creías que me iba a ir sin esto--rió entre dientes--.
Voltee los ojos sonriendo y seguimos caminando hasta llegar al lado de un río muy tenebroso, la niebla podía cubrir la aparición de la imagen de las almas en pena.
Descuartizamos a ambos cadáveres hasta que perdieron totalmente la forma de ser humano, quedaron desfigurados, Jeff sacó su encendedor de sus cigarrillos y les prendió fuego, mientras se hacían polvo sacó la botella y le tomó un trago.
Apagamos el fuego y echamos sus cenizas al agua. Caminamos un poco más hasta llegar a una roca grande en medio de los espeluznantes árboles que parecían manos monstruosas.
Me senté en una de las rocas y el hizo lo mismo. Sacó la botella y dos cigarrillos, me dio uno y los prendió.
-Jeff: Sabes, me hes mucho más divertido y excitante mutilar gente contigo--me echó su humo en la cara-- no lo sé, es mucho muy excitante verte asesinar--apareció su sonrisa torcida--.
-Jane: Jaja, bueno, quizá es porque soy mucho mejor asesina que tú tonto--sonreí de lado y levanté una ceja--.
Soltó una carcajada y tiró su cigarro pisándolo cuando se acabó. Se sentó volteado hacia mí, bajó el cierre de su sudadera dejando relucir su camiseta negra, tomó otro trago de whisky y tomándome de las mejillas me besó. El sabor de alcohol combinado con el de la sangre en sus labios hizo que me dejara llevar. Pronto comenzó a quitar su sudadera completamente junto con su camiseta, observé sus cuadros en el abdomen pálido, fue cuando me detuve.
-Jane: No Jeff, no, aquí no.
-Jeff: ¿por qué? Recuerda que la primera vez fue justamente en el bosque--se rió--.
-Jane: De acuerdo, tu ganas--me levanté de inmediato y me miro sentado-- pero con una condición.
-Jeff: ¿Cuál?--susurró--.
-Jane: Esto--le quité la botella-- es mío--sonreí--.
Jeff: Jajaja, que chica tan mala.
Sonreí y le tomé un buen trago a la botella para después desabrochar mi elegante vestido y bajarlo hasta mis tobillos. Se levantó tomándome de la cintura y me volvió a besar.
3:30 am.
Abrí los ojos acostada a un lado de Jeff en el suelo frío del bosque, me moví y me volví a poner mi ropa. Era de mañana, el cielo había tomado un hermoso color gris perla.
-Jane: Jeff--lo moví del hombro-- Jeff, despierta.
-Jeff: ¿Qué?--dijo molesto con los ojos cerrados--.
-Jane: Vámonos de aquí--cerré los ojos rascándome la frente, nos acabamos esa botella y los cigarrillos-- Jeff, Jenny está sola en la casa.
-Jeff: Está con los demás--dijo, al parecer estaba dormido--.
-Jane: Vamos no seas flojo y levántate.
Rápidamente se levanto adormilado, se vistió y me miró.
-Jeff: ¿Ahora qué?
-Jane: ¿Cómo que ahora qué? Jaja, vámonos a la casa amor.
-Jeff: Bueno, vamos.
Caminamos por el bosque de regreso.
-Jeff: Un segundo--miró al rededor-- ¿la botella?
-Jane: Nos la terminamos Jeff. Anoche ¿recuerdas?
-Jeff: Ah, sí, vamos por otra al bar.
-Jane: Deben estar los estúpidos policías investigando la muertes de anoche, no podemos ir ahí.
-Jeff: Claro que sí podemos, solo observame.
Ya habíamos llegado al bar lejano, como se esperaba estaban algunos policías con otras personas que entre ellos debería de estar el dueño. Estaban buscando las evidencias que Jeff y yo nos encargamos de desaparecer, miré mi bolsa, ahí estaba el celular de aquella mujer! ¿Qué? ¿no me deshice de el anoche?. Lo miré una vez más y lo apagué rápidamente. Estábamos a algunos árboles antes de poder llegar exactamente al bar.
Jeff quitado de la pena caminó y entró al bar por la parte trasera.
-Jane: Jeff!!--grité silenciosamente para que no me fueran a escuchar--.
¿Qué demonios estaba haciendo? Era muy arriesgado entrar. Cuando lo vi salir con varias botellas en las manos caminando hacia mí.
-Jeff: Listo, andando.
-Jane: ¿Te has vuelto loco? Si te hubieran visto ya...
-Jeff: Jane, me se ocultar, esconder y escabullir perfectamente, soy como si fuera un fantasma cuando quiero, paso desapercibido.
-Jane: Jajaja, me lo imaginé.
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